Rosanne tomó su teléfono con manos temblorosas. Lo sostuvo frente a ella durante largos segundos, observando la pantalla encendida como si aquel objeto pudiera juzgarla.
El simple acto de presionar un botón parecía tener un peso insoportable, como si hacerlo fuera a alterar el curso de su vida de manera irreversible. Respiró hondo una, dos veces. Aun así, el aire no parecía llegarle a los pulmones.
Cuando por fin reunió el valor y marcó el número, el sonido del timbre le perforó los oídos, seco,