Rosanne intentó acercarse a Roberto.
Dio apenas un paso, con la mano extendida, como si todavía existiera un hilo invisible capaz de unirlos, como si bastara tocarlo para que todo volviera a su lugar. Pero Roberto reaccionó de inmediato. Retiró la mano con un gesto brusco, casi instintivo, como si el simple contacto pudiera lastimarlo.
Ese pequeño movimiento fue más doloroso que cualquier golpe.
Rosanne sintió cómo algo se quebraba dentro de su pecho. No fue un sonido, no fue una imagen clara, s