Rosanne tomó la mano de Roberto con una determinación que le sorprendió incluso a ella misma. Durante años había dudado, había cedido, había esperado señales que nunca llegaron.
Pero en ese instante no hubo vacilación. No fue un gesto impulsivo ni una reacción desesperada; fue una decisión nacida del cansancio, de las heridas acumuladas y de una claridad brutal que solo aparece cuando ya no queda nada por justificar.
Salió con él sin mirar atrás, como si al cruzar esa puerta dejara encerrada a l