Rosanne fue la primera en separarse.
Apoyó la palma de la mano sobre el pecho de Roberto, deteniendo el beso con una suavidad casi temerosa, como si aquel instante fuera tan frágil que cualquier movimiento brusco pudiera romperlo. Él no se opuso.
Al contrario, su respiración se volvió lenta, profunda, y sus párpados descendieron con una serenidad que a ella le estrujó el corazón. En cuestión de segundos, Roberto se quedó dormido, completamente rendido, ajeno al torbellino de emociones que sacudí