Rosanne se quedó perpleja al ver las pantallas. Por un instante, el mundo pareció detenerse. Las voces a su alrededor se volvieron un murmullo lejano, como si estuviera bajo el agua. Luego, lentamente, una sonrisa temblorosa comenzó a formarse en su rostro, primero incrédula, después luminosa, y finalmente imparable.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió los brazos de Roberto rodearla con fuerza. Él la levantó del suelo en un impulso de felicidad, haciéndola girar hasta casi hacerla volar.
—¡F