Rosanne se quedó perpleja al ver las pantallas. Por un instante, el mundo pareció detenerse. Las voces a su alrededor se volvieron un murmullo lejano, como si estuviera bajo el agua. Luego, lentamente, una sonrisa temblorosa comenzó a formarse en su rostro, primero incrédula, después luminosa, y finalmente imparable.
Antes de que pudiera reaccionar, sintió los brazos de Roberto rodearla con fuerza. Él la levantó del suelo en un impulso de felicidad, haciéndola girar hasta casi hacerla volar.
—¡Felicidades! —exclamó—. ¡Tienes el primer lugar!
Rosanne rio, con una risa que nació desde lo más profundo de su pecho y terminó en lágrimas. No lo podía creer. Miró la pantalla otra vez, como si necesitara asegurarse de que no estaba leyendo mal, de que no era una ilusión cruel o una broma del destino.
Primer lugar. Rosanne Andrade.
No era fingido. No era una trampa. No era un favor. Era la realidad… al menos en esta vida.
—Es verdad… —susurró—. De verdad gané…
La felicidad la desbordó. Durante