—¿Qué dices, Camely?
La voz de Zacarías tembló apenas, pero para ella fue como un latigazo.
Él la observó con los ojos perdidos, como si aquella frase acabara de arrancarle el aire de los pulmones.
“Es la segunda vez que habla de divorcio… ¿De verdad no siente nada por mí?”, pensó con un nudo hundiéndose en su estómago.
Camely no respondió. Solo se puso de pie con brusquedad, sintiendo cómo todo el cuerpo le dolía, no solo por la bofetada, sino por el golpe emocional que llevaba encima.
Fue hast