Ella dio un paso atrás, paralizada por la escena que acababa de presenciar.
El mundo pareció cerrarse sobre ella, y antes de que Zacarías pudiera reaccionar, Camely se giró y salió corriendo del salón de masajes, con el corazón oprimiéndosele como si no cupiera en su pecho.
—¡Camely, espera! ¡No! —gritó él, desesperado.
Zacarías se incorporó de un salto, arrancándose la sábana del cuerpo y vistiéndose a toda prisa.
Tras él, Gala apenas logró ponerse una bata, murmurando atropellada:
—¡Zacarías,