—¿Camely?
La voz, suave, pero temblorosa, se filtró entre la oscuridad en la que estaba atrapada. Camely abrió los ojos con dificultad, como si sus párpados fueran de piedra. La luz blanca del cuarto la cegó por un momento, y cuando su visión finalmente se aclaró, distinguió la silueta de una mujer vestida de monja inclinada sobre ella.
El desconcierto le atravesó el pecho como un puñal.
—¿Qué… qué me pasó? —murmuró, con la garganta áspera y la voz rota.
La mujer sostuvo su mano con un gesto fir