Camely sintió cómo el miedo la envolvía por completo, como un manto helado que le impedía respirar.
Estaba tirada en el suelo, incapaz de incorporarse; cada músculo de su cuerpo ardía por los golpes.
Se sentía humillada, expuesta, convertida en una sombra rota de lo que alguna vez había sido.
La dignidad, esa última capa de defensa que siempre creyó indestructible, también le había sido arrancada sin piedad.
La habían despojado de todo lo material, pero lo que más le dolía era aquello que no se