—¿Álvaro? —susurró ella, con la voz quebrada por la incredulidad—. ¿Álvaro Delmar, primo? ¿Qué haces tú con el teléfono de Avana? ¿Dónde está ella? ¿Por qué tienes tú sus cosas?
—Estoy en el Hospital Central, Marianne —respondió la voz de Álvaro, cargada de una urgencia que no dejaba lugar a dudas ni a preguntas banales—. Tienes que venir ya. La encontré tirada en la carretera... Está mal, muy mal. Ahora mismo está en la sala de emergencia.
Marianne sintió un frío glacial recorrerle la columna.