—¡¿Qué fue lo que pasó?! —exclamó Jenny con la voz rota por el pánico.
La escena frente a ellas era caótica. En la escalera de servicio, Gala yacía en el suelo, retorcida, con una mano aferrada al vientre y el rostro pálido como el mármol. El silencio duró apenas un segundo. Luego, ella abrió los ojos con dificultad y soltó un quejido desgarrador.
—¡Ayuda…! —susurró, apenas audible.
El grito activó el caos. Enfermeras aparecieron corriendo, seguidas casi de inmediato por Gael y Edmund, cuyos rostros reflejaban una mezcla peligrosa de miedo, furia y desesperación. El ambiente se volvió asfixiante.
—¡Si haces que el bebé muera, vamos a acabar contigo, Conny! —gritó Gael, fuera de sí, señalando a Camely con odio puro.
Camely no respondió. No se defendió ni explicó nada. Se quedó inmóvil, con el cuerpo rígido y el corazón, golpeándole el pecho con fuerza brutal, observando cómo subían a Gala a la camilla.
El sonido de las ruedas alejándose por el pasillo fue como un martillo golpeándole la