—¡¿Qué fue lo que pasó?! —exclamó Jenny con la voz rota por el pánico.
La escena frente a ellas era caótica. En la escalera de servicio, Gala yacía en el suelo, retorcida, con una mano aferrada al vientre y el rostro pálido como el mármol. El silencio duró apenas un segundo. Luego, ella abrió los ojos con dificultad y soltó un quejido desgarrador.
—¡Ayuda…! —susurró, apenas audible.
El grito activó el caos. Enfermeras aparecieron corriendo, seguidas casi de inmediato por Gael y Edmund, cuyos ros