Marianne y Daniel llegaron a la mansión Andrade, contaron todo y cómo pronto iban a casarse.
Rosanne, con el rostro iluminado por una chispa de picardía y alegría, tomó las manos de su hermana bajo la atenta mirada de la familia.
—Hermana, hagamos algo audaz —dijo Rosanne, con la voz vibrante—. Casémonos juntas. Hagamos una boda doble, una celebración juntas.
Marianne soltó una carcajada cristalina. La idea de caminar hacia el altar al mismo tiempo que su hermana le devolvía una sensación de com