Zacarías se detuvo en seco frente al puente, con la mano apoyada en la frente, temblando levemente. Su respiración era irregular, sus pensamientos un torbellino que se mezclaba con la imagen de Camely: su rostro, su fragilidad, sus ojos que alguna vez lo miraron con amor y ahora parecían un espejismo imposible de alcanzar.
—Creí ver a Camely… estoy enloqueciendo —susurró para sí, con un hilo de voz que apenas se escuchaba.
Se dio la vuelta y, con movimientos mecánicos, se dirigió a su auto. Su c