Por la noche, regresaron a la habitación caminando despacio, todavía envueltos en la magia persistente de la velada. El hotel parecía distinto a esas horas, más silencioso, más íntimo. El pasillo estaba casi vacío, iluminado apenas por luces cálidas que proyectaban sombras suaves y alargadas sobre las paredes. Cada paso resonaba con un eco tenue, como si el mundo exterior hubiera quedado muy lejos.
Al llegar a la puerta, Roberto se detuvo. Giró hacia Rosanne con una sonrisa tranquila, de esas qu