Con la ternura de un niño, y el amor de un hombre.
Narra Raphael:
El viento nocturno logró calmar los instintos de mi bestia…sin embargo, lo que había hecho, no podía perdonármelo.
Fui débil.
En mi boca, aún sentía el sabor de la sangre de Camille, y era tan dulce que realmente sentí que no había nada más delicioso en el mundo…ella era deliciosa, ella era todo lo que realmente deseaba para mí mismo.
Pero lo que había hecho bajo el dominio de mi bestia, era imperdonable. La marqué sin proponérmelo, y aunque pude frenarme para no completar aquell