Zair chasqueó la lengua enojado. Anya había llegado a la empresa con un niño. Lo peor de todo era que sí quería que ella se quedara a trabajar para él por más tiempo. Debía aceptarla con todo y mocoso. Ya se sentía desplazado, puesto que ella era alguien que llamaba mucho la atención de las personas, y de él mucho más. Vio que el pequeño bastardo iba a decirle algo a su madre y, como si fuera una doña chismosa, prestó atención, hasta que su querida amiga entró y tuvo que reemplazar la imagen po