Anya a duras penas podía llevar el ritmo de las cosas, el día anterior había hablado con el padre de sus hijos, logrando que su corazón latiera tan frenéticamente que no sabía qué podía hacer para calmarse.
—¿Está todo bien? —Sofía le pasó unas hojas—. ¿Le enviaste las fotos a Zair?
—Sí, se las envié hace un momento —susurró subiendo la mirada hacia ella—. Gracias por ayudarme en todo.
—Lo hago con gusto a pesar de que llegué tarde a salvar a tu padre de las garras de los Basary —la alfa tomó a