DOMINIK
—Bueno, esto parece bien. Tus valores volvieron a lo que se puede considerar normal teniendo en cuenta tu enfermedad.
—¿Entonces soy libre? —inquirí ilusionado desde el sofá.
Ulrik, que tenía una tablet en la mano y revisaba los resultados de mis últimos exámenes de sangre, me miró con cierta acusación y fastidio, y me acomodé en el mueble con una sonrisa de fingida inocencia.
—No exactamente. Dom, tienes que descansar. Tu cuerpo ha sufrido demasiado estos días como para que te lo tomes