BLAIR
—Entonces… ¿quedará una cicatriz? —inquirí, un tanto nerviosa por la posible respuesta.
—Te quedará alguna cicatriz de guerra en el cuero cabelludo, eso es seguro, pero no creo que sea tan grave como piensas.
Suspiré, sin saber si sentirme bien o mal por eso, y Ulrik se alejó. Me habían trasladado a una habitación privada, al igual que Grace, y ahora, siendo las siete de la mañana, esperábamos a que el médico viniera a revisarme.
—Sabe mucho de medicina, señor Jantzen —comentó mi abuelo,