BLAIR
Esa tarde, tras terminar con el trabajo y pasar por casa para dejar algunas cosas, Grace me fue a buscar en su flamante auto nuevo, un precioso Sedan que ella llamaba el «auto de sus sueños».
Se acomodó en el asiento con porte profesional y me miró con gesto sofisticado.
—Vamos, pequeña, sube a mi nave y te llevaré a dar un paseo.
Solté la carcajada tras abrir la puerta y me acomodé en el asiento. Se sentía de maravilla.
—Vaya… es muy cómodo. —Empecé a moverme y a ver por todas partes al