BLAIR
El arrepentimiento en sus ojos me trajo a la realidad, y abrí los ojos de par, llenos de lágrimas que no pude evitar derramar.
—Qué… ¿qué demonios estás diciendo, Dom?
Tragó entero, yo estaba tiesa, y suspiró.
—Tenía trece años y acababa de hablar con tu familia paterna. Ellos no querían tener nada que ver contigo porque decían que tú y tu madre se llevaron a su hijo; entonces me di cuenta de que vivían una vida tranquila. Pero tus padres y mis padres eran amigos, y pensé que ellos podría