64. El monstruo.
El monstruo
Por suerte, esta vez Máximo no parecía haber bebido. Lo necesitaba completamente lúcido para la conversación que estábamos a punto de tener. Me sentía cansada, bastante agotada, la verdad, por todo lo que había sucedido durante el día, pero necesitaba enfrentar eso de una vez por todas.
Entramos a la habitación de Máximo. No había entrado en ella ni una sola vez desde que él había alquilado esa casa; lo veía como su espacio. Además, los sentimientos que el hombre tenía por mí me imp