Algo había cambiado en mí. La verdad no podría asegurarlo, pero lo había sentido desde dentro. Todos dependían de mí: la Cofradía dependía de mí, Santiago dependía de mí, Máximo también dependía de mí. Entonces, si yo era tan importante para todos, ¿por qué era nada más un peón en esos juegos? No tenía más mínimo sentido. Yo era la jugadora, yo era la clave principal de todo aquello y tenía que darme mi valor, y lo haría sin dudarlo.
Santiago pareció notar algo en mí: estiró su mano y la apoyó