Fue una noche absurdamente intranquila. Me sentía, de alguna forma, traicionada. Claro que debía sentirme así: yo le había brindado al Máximo mi vida, le había entregado mi privacidad, mi trabajo, todo lo que yo era, y él solamente me había pagado con mentiras. Justamente eso era lo que el hombre había representado en mi vida: mentiras, mentiras y más mentiras. Incluso estaba segura de que me mentía cuando me decía que me amaba. ¿Cómo podría amarme si me usaba y me manipulaba? No le importó pas