44. Reencuentro.
No pude evitar sentir una extraña mezcla de emociones que me embargó por completo. El cuerpo de mi hermano era grande y fuerte, pues lo recordaba bien. Lo recordaba de los tiempos en los que jugábamos en el callejón, en los que su fuerza siempre era bienvenida para ayudarme a alcanzar los frutos más altos, en las ramas más recónditas del pequeño barrio a las afueras de la ciudad donde nos habíamos criado.
Reconocí su aroma. Prácticamente pude reconocer el calor de su cuerpo, que me invadió en e