43. Tragedia por venir.
Traté de gritar, de moverme, de correr, pero estaba completamente paralizada. Mi cuerpo, su miedo, era una sustancia pegajosa que impedía que me moviera, una piscina de melaza para observar los cuerpos de Santiago y Máximo tirados en el suelo, ensangrentados, muertos.
Y entonces, cuando parpadeé dos veces, la escena retrocedió. Comenzó a ir en reversa, como un videoclip, y, después de otro parpadeo, estaban uno frente al otro, apuntándose directamente a la cabeza. Máximo tenía una cicatriz en l