174. La trampa en París
Desperté cuando el avión tuvo una fuerte sacudida. Algo asustado, ni siquiera me había dado cuenta en qué momento me había quedado dormido, pero ahí estaba. A través de la ventana podía ver cómo se acercaba el avión, poco a poco, al suelo. Máximo, a mi lado, permanecía imperturbable, como si no fuese prácticamente una misión suicida. Me pasé las manos por el rostro. Nunca en la vida me imaginé que iba a terminar en Europa un día como esos, en una misión tan complicada, al lado de un mafioso que