131. Una cabañita en la playa.
Sabía que debíamos hacerlo. Santiago también lo sabía. Después de que le conté toda la historia, después de que se dio cuenta como en realidad nuestro hijo podía terminar en los mismos pasos de su tío Gabriel, estuvo de acuerdo en que ya no había más opción. Y después de que le escribió un corto mensaje a Máximo, nos quedamos los dos solos en la sala observando el fuego en la chimenea. La ciudad era cálida, no necesitábamos fuego para calentarnos porque la noche era tranquila, pero por alguna r