13. Celos.
Cuando llegué a casa esa noche estaba terriblemente enojado con Valeria, tanto que estaba seguro podría echarla de repente.
—No puedo creer que hubieras hecho eso —le grité después de que llegué a la sala principal de la casa, la misma casa en la que había vivido con Isabel, la que había convertido en un lugar con ella y que yo mismo había destruido.
—¿Y entonces tú qué querías que hiciera? —me preguntó también con un tono muy enojado.
—Yo solo quería, maldita sea, que te comportaras. ¿Cómo fui