12. Mentiras.
Valeria me empujó con fuerza hacia el interior del ascensor.
En el instante en que mi espalda chocó contra el cristal del fondo, estallé en carcajadas.
—¿De qué te ríes? —gritó, con una expresión de incredulidad, y se preparó para lanzarse hacia mí con la otra mano.
Desvié su muñeca con agilidad y, en un movimiento rápido, la presioné contra la pared del ascensor.
—Después de seis años, sigues solo sabiendo arañar caras? —le dije con un resoplido frío, aumentando la presión con mis dedos.
—¡Sue