126. Gabriel.
Me quedé paralizada en el lugar, dándole la espalda al hombre que estaba allí. Para que haya más profunda y misteriosa, completamente enmudecida, el corazón latiendo con tanta fuerza que podía sentirlo fuerte en mis oídos. Podría sentir como la sangre me inundaba la cara y el cuerpo que completa. Cuando me armé el valor suficiente para voltear a mirarlo, no pude respirar; era como si todo el aliento de mi cuerpo se hubiera escapado.
Entonces, cuando me volví por completo, lo vi ahí, de pie, como