121. En la mira.
Me quedé en un largo silencio, sentada en el mueble que había en la sala. Máximo también se quedó en silencio un rato. La idea de tener que dejar ir a mi hijo me conmovió hasta el punto que me dejó sin habla. Saber que tendría que dejarlo ir, que no tendría ni idea de dónde estaría, me generó una incertidumbre que, aunque ni siquiera había sucedido aún, me llenaba el cuerpo de una adrenalina que me hacía palpitar el corazón con fuerza.
Y después de un largo silencio no tuve más opción que enfre