Elizabeth se había levantado muy temprano. Los mareos y vómitos matutinos la tenían loca. Sentía que su cabeza daba vueltas, que su estómago ardía y algo amargo en su garganta.
—Ya no puedo más —exclamó lavando su rostro con agua helada.
Se vió en el espejo y, a pesar de la falta de comida y los vómitos constantes, notó que un pequeño bulto estaba creciendo en su vientre que antes era totalmente plano. También notó que sus senos que naturalmente eran grandes, estaban aún más hinchados. Se mordi