Él día había amanecido fresco. Los árboles que se mostraban por la ventana se movían con suavidad gracias al suave viento. Alisson abrió los ojos con lentitud y miró todo a su alrededor. Definitivamente no estaba en su casa y muchos menos en aquel hotel en Montauk. Se sentó en la cama tratando de ordenar sus pensamientos, pero cuando puso sus palmas en el colchón sintió una pequeña pierna. La quitó con rapidez y afincó la otra y sintió una pequeña mano. Miró hacia abajo y unos cabellos rojizos