—Estoy ebria Chris, ahorita no puedo responder esas cosas —dijo Alisson mientras enrollaba sus manos alrededor del cuello de Christopher—, ¿por qué mejor no follamos? ¿Y así le demuestras al mar cuánto me deseas? —preguntó arrastrando las palabras y haciendo una mueca con los labios.
—Nena… —intentó hablar Langley.
—Por favor, aquí tengo la pastilla del día después —mostró un blíster con una pastilla blanca y pequeña que hizo que Christopher esbozara una sonrisa traviesa.
—Sí, tomatela —respo