Los días posteriores a la tormenta emocional parecían haber traído un respiro a la mansión Miller. Esa noche, la mesa del comedor principal estaba llena: Christopher y Alisson, Ryan y Julie, Elizabeth y Michael. El ambiente era cálido, casi festivo, con copas de vino que tintineaban y risas que recorrían el salón.
Los niños ya estaban dormidos bajo el cuidado de las niñeras, lo que permitía a los adultos disfrutar de un raro momento de tranquilidad. Julie acariciaba la mano de Ryan mientras con