El amanecer llegó gris sobre la ciudad, cargado de humedad después de la tormenta de la noche anterior. La mansión Miller estaba en calma, pero por dentro aún latía la tensión de lo ocurrido.
Esa misma mañana, Christopher había ordenado que la botella de whisky y las copas fueran entregadas a la policía. Las cámaras de seguridad también fueron revisadas minuciosamente, revelando lo inevitable: Aniela había entrado a la mansión con ayuda de alguien, se había acercado a la mesa y había manipulado