La mirada de Christopher se había suavizado tanto que Alisson creía que la amaba. Sus ojos, normalmente de un gris oscuro casi negro y penetrante, estaban ahora tan claros que parecían destellos de humo al amanecer. La sonrisa en su rostro era luminosa y amplia.
«Tal vez deba luchar por mi matrimonio, arrancarle a mi esposo a la perra de Aniela de las manos y darle a mis hijos el padre que se merecen». Esta idea reverberaba en su mente mientras su corazón martillaba en su pecho, como un tambor