El suave murmullo del televisor encendido hizo que los ojos de Alisson se abrieran lentamente. Habían pasado tres días desde que llegó a la clínica y aún no la habían dado de alta. Elizabeth reposaba a su lado, tal como se lo había prometido. Estaba dormida, con los cabellos castaños y largos cubriendo parte de su rostro. Alisson desvió la vista al televisor y casi se atragantó con su propia saliva al ver las imágenes que se mostraban ante ella.
«Eran sus diseños».
Estaban siendo presentados c