El hedor a licor sumado con el olor a nicotina y sudor, se impregnaba en las paredes de concreto pintadas de beige. Christopher estaba en el retrete, con la frente sudada mientras dejaba toda la botella de whisky que se acaba de tomar ahí. Todos esos meses había sido igual, cosa que comía, cosa que vomitaba y aunque quería echarle la culpa al embarazo de Aniela la verdad era que no veía posible que un bebé tan pequeño causara todo aquello en él.
—¡Qué asco por Dios! —exclamó Ryan entrando al ba