Habían pasado varios meses desde que Elizabeth y Michael anunciaron su boda. La mansión Miller se había convertido en el centro de la familia: decoradores entrando y saliendo, flores por todos lados, cajas con vajillas y telas, empleados ajustando hasta el último detalle. Ese día, sin embargo, la atención estaba concentrada en un solo lugar: la habitación principal, donde Elizabeth se alistaba para convertirse en esposa.
El embarazo estaba en su etapa final. Ocho meses cumplidos, casi nueve, y