La mañana en La Esquina Negra comenzó con el sol filtrándose entre los techos de zinc y las risas de los chicos que aún no podían creer su triunfo. El trofeo «Aurora» había encontrado un lugar de honor en la entrada del centro comunitario, y cada vez que alguien pasaba, no podía evitar tocarlo, como si necesitaran confirmar que no había sido un sueño.
Gabo llegó temprano, pero no al centro. Su camioneta negra tomó el desvío hacia el búnker donde Nariño solía recibir a sus hombres de confianza c