El silencio que precedió al anuncio era un ser vivo, opresivo y denso, que se colaba en los pulmones y pesaba sobre los hombros. En el backstage, el tiempo parecía haberse coagulado. Los Alegres de La Esquina Negra estaban enlazados, un organismo único de nervios y esperanza. Lena tenía los dedos entrelazados con tanta fuerza que parecían fundidos. Otro chico mascullaba una oración rapidísima, los ojos cerrados con fuerza. El aire olía a sudor dulce, a tela caliente y a un miedo brillante, el m