La euforia del baile exitoso era un bálsamo frágil, pero real. Los chicos de La Esquina Negra, sudorosos y con los ojos brillantes, formaban un círculo nervioso en el backstage, bebiendo agua y comentando cada paso con la energía del subidón post-adrenalina. Ana los observaba, una sonrisa genuina -la primera en horas- dibujándose en sus labios. Por un momento, todo el peso de la droga, la entrega y el rescate se desvanecía ante la simple y poderosa belleza de su triunfo.
El speaker volvió a tom