La luz de la mañana entraba tímida por las cortinas cuando Maximiliano abrió los ojos.
Parpadeó un par de veces, todavía medio dormido, y giró la cabeza hacia la cama de al lado.
Alex ya estaba despierto.
—Alex —susurró Max, acercándose con cuidado—. Te voy a contar un secreto.
Alex frunció el ceño, intrigado.
—¿Otro? —preguntó, acomodándose sobre la almohada—. El de ayer ya fue raro.
Max negó con la cabeza, muy serio para alguien tan pequeño.
—No. Este es de verdad.
Alex se incorporó un poco