Vamos por ella.
Zoe pasó la noche en vela.
No porque la habitación no fuera cómoda, al contrario llo era, amplia, luminosa, con sábanas suaves y el silencio propio de una casa donde el poder dormía tranquilo, sino porque su mente no le dio tregua.
Cada recuerdo del día se repetía como una herida que no cerraba: las miradas amables, las palabras que no esperaba, la forma en que por primera vez en mucho tiempo no se sintió un estorbo.
Se levantó antes del amanecer.
La casa aún dormía. Caminó descalza hasta el e