Harry avanzó hacia ella con esa seguridad que siempre lo caracterizaba, el paso relajado, las manos en los bolsillos. Ariana, por reflejo, tomó su cappuccino del mostrador y dio un paso hacia la salida, intentando evitarlo sin llamar demasiado la atención.
Pero Harry ya estaba allí, interponiéndose en su camino con una sonrisa ladeada, peligrosa, la clase de sonrisa que no mostraba dientes pero sí intenciones.
Era un depredador social; sabía leer cuerpos, silencios y debilidades ajenas con l