Leonardo seguía a Ariana en silencio, pero con una sonrisa ladeada, una que ella no veía, pero que él no se molestaba en ocultar.
Había algo en la manera en que ella caminaba delante de él, esa rigidez orgullosa en los hombros, esa forma tan suya de contener la respiración cuando estaba incómoda, que lo divertía más de lo que debería.
Tan pronto Ariana abrió la puerta de la habitación y entró, soltó la mano de Leonardo con un gesto tan rápido y natural como si la quemara. Leonardo arqueó una c