El corazón de Ariana se disparó.
—¡Suéltame! —gritó, empujándolo con ambas manos—. ¡Suéltame ahora mismo!.
Harry apenas se movió. Su agarre se endureció, y sin darle tiempo a reaccionar, inclinó el rostro intentando besarla. Ariana giró la cabeza con desesperación, forcejeando, sintiendo cómo el miedo le recorría la piel como un escalofrío helado.
—¡No! —repitió, con la voz quebrada.
En ese preciso instante, la puerta de la habitación se abrió.
Mónica entró cargando una bandeja con comida calie