Ariana sintió que el pecho se le apretaba y se le llenaba de una alegría suave. Sonrió, incapaz de ocultarlo, mientras sus dedos rozaban la mano de Leonardo justo antes de que el auto presidencial se detuviera frente al enorme salón de gala.
Las luces, las cámaras y decenas de fotógrafos esperaban en la alfombra roja. La puerta del auto fue abierta por uno de los escoltas.
Leonardo salió primero.
Elegante. Imponente.
Luego extendió la mano hacia Ariana, como si se tratara de un gesto antiguo,